En este tiempo liquidé dos libros:
Crónicas Vol I, de Dylan (Bob), y El señor de los venenos, de Enrique Symns, Ed. El cuenco del plata.
Vamos por el de Symns:
Me pareció sencillamente maravilloso. Así sean pocas cosas verdad, o todo cierto, no importa. Symns se expresa una de una manera que no te da respiro, tirando definiciones permanentemente, sus puntos de vista, ácidos, cínicos al palo, crueles, sexópatas, no hacen otra cosa que iluminarte en algo nuevo (quizás). Va por un lado, se explaya, define, vuelve, escribe como habla, genial.
Creo que su falta de miedo es lo que más me atrajo. Su falta de miedo a decir lo que piensa. Cuando uno toma esa postura de decir las cosas que piensa -lean bien, QUE PIENSA dije, entienden? o sea que esta PENSADA la cuestión, no es una repetición como lorito de lo que escuchás en el subte, OK?-, necesita encontrarse con alguien que se sienta muy libre del otro lado, alguien capaz de tomar esas palabras, esas definiciones, sin creerlas como verdades por supuesto, sino como un punto de vista pensado y procesarlas para después ver como se sigue.
En ese aspecto creo que lo envidio. Lo envidio por no pensar tanto las cosas así como por no tener quizás los huevos para decir TAAAN ferozmente lo que uno cree. Obvio ambas cosas van de la mano, cuanto menos las pensás, menos material tenés para sostenerlas, por lo que menos las exponés, calculo. Quizás ese camino puede llegar a ser muy solitario, y por eso la elección es más de regular estas cuestiones.
Bueno vamos al grano, permiso Enrique pero voy a copiar partes de tus textos:
"Comparada con el resto de las plantas mágicas, la marihuana es una gripe. Su veneno no es demasiado tóxico, y por lo tanto sólo actúa en condición de remedio piadoso. Existe otro problema con la marihuana: se ha convertido en una droga de diseño. Ya no son esas plantaciones salvajes que contienen la ponzoña de una serpiente de cascabel creciendo en los morros de Bahía, en Brasil, o de la sísimica yerba paraguaya. La marihuana comenzó a plantarse en cualquier sitio y por cualquier idiota estudiante de botánica. En las macetas de un departamento de San Isidro, en un jardincito de La Plata, en los fondos de la casa de la tía Adela. Estas marihuanas, efectivas pero domesticadas, han perdido la furiosa embestida con las que las dotaba la tierra primitiva y la mano de inequívoca del traficante. Nada que cezca en el jardín de la vida tendrá la efectividad de todo aquello que se desarrolla bávaro y viril en la salvaje calle. Así será todo: niños y plantas, colores y artistas, peleadores y perros. Todo lo que crece en el jardín desarrolla el tramado de los virus, la vida le ha sido expropiada y reemplazada por un plan, por un Ansia Cobarde. Actualmente nadie consume marihuana, fuman fotocopias..."
"En cuanto a las escuelas esotéricas, son una auténtica farsa. Una mezcla de prácticas absurdas destinadas a distraer al creyente con una cháchara mística que apesta... Mis maestros eran tal como me había imaginado que debían ser los maestros: gente que no tenía aspecto de serlo, ni fundaban escuelas esotéricas que declaraban pomposamente "Yo soy la puerta"... "No tengo esposa ni hijos. Ellos -dijo señalando a la mujer y los hijos- son parte del guión que te impone el mundo. Nos une el azar y la necesidad, pero este mundo no me pertenece. Soy un Desconocido, un ausente, no me interesa ningún trabajo, ningún estudio. No amo ni dejo de amar a las personas, ni tengo patria. Estoy aquí como un extraterrestre imitando comportamientos indescifrables. Imitar la conducta de los seres humanos es algo tan complejo, que uno puede perder toda la vida en ello. Sólo hay que aprender los modales mínimos y, luego, desaparecer, vivir al revés..."
Búsquenlo y disfruten que es así permanentemente.